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Wednesday, July 21, 2010

Wilderness of Suburbia



I lay adrift upon a raft
In a sea in my backyard;
Nine feet of water lay pristine beneath me
And a vast blanket of stars covers the night sky.
Here on my raft I am a pioneer daring
The wilderness of suburbia.
I am solo, caught between two expanses:
The abyss below envelops me,
The heavenly mantle above transcends me,
And the two swallow whole my insignificant ego.

Monday, May 17, 2010

Cuando cerraban la puerta

Este es un cuento corto que escribí para mi clase de literatura. Sugerencias o cualquier feedback de forma constructiva son muy bienvenidos.

Es frustrante cuanto los padres desconocen del mundo. Les tienes que explicar todo, y aún entonces no te creen. Cada noche, cuando me apagaban las luces, les explicaba, más racionalmente como podía, la situación:

—Cuando me cierres la puerta van a salir monstruos, y me van a querer comer.

—No seas ridículo.

—Mamá

—Tu madre tiene razón. Eres perfectamente seguro.

—Papá

—Se acabó el asunto. Duerme bien, mañana tienes escuela.

Así, con un suspiro, mientras cerraban la puerta, yo ponía mente de guerrero. Mi cama quedaba justo en el centro del cuarto, como una fortaleza en una península rodeada en tres lados por la oscuridad. Normalmente les tomaba un minuto o dos para darse cuenta de que me tenían a solas; y cuando se dieran cuenta, salían. Del armario, del estante, de la alfombra, se veían dientes brillantes y ojos rojos y amarillos saliendo de las sombras—las únicas cosas, además de un frío visceral, que delataban una presencia ajena.

Debajo de mi almohada siempre tenía guardada una espada de plástico. Era justo lo que necesitaba porque el plástico mata a los monstruos. Al verla, reflejando la luz de la luna y de sus ojos, se quedaban en sus rincones. Porque los monstruos, aun por ser monstruos, no son brutos.

Este era el tema cuando tenía ocho años, pero no siempre era tan fácil. La primera vez que vi los dientes y los ojos era también la primera vez que pasé la noche en mi propio cuarto, y lloré y grité de tanto miedo que tuvieron que volver mis padres. Cuando abrieron la puerta, por supuesto desaparecieron los monstruos, porque son monstruos y no ladrones, y así se estableció mi locura.1

Justo cuando cerraron la puerta otra vez, los monstruos volvieron a salir. Salían y empezaban a cercarme, con tanta hambre, dejando una senda de baba. En vano me hundí en las sábanas y me hubieran comido, porque estaban casi encima, si no fuera que por mis gritos mis padres volvieron y abrieron la puerta y permitieron que pasara la noche con ellos.2

Se les había recomendado a mis padres que instalaran un night light en mi cuarto, pero como con todo el tema de los monstruos, éste tampoco pude explicar. Les dije que por ser la luz del enchufe y no la de la llave de luz, los monstruos saldrían igual. Mi padre me respondió diciendo que no iba a volver, no importa cuánto gritara, y yo sabía que seguramente cumpliría.3 Ignorando mis protestas, mis padres se fueron.

Algunos son valientes naturalmente, pero para la mayoría, como yo, son valientes porque las circunstancias nos obligan. Yo no estaba dispuesto a morir: todavía tenía mucho para lograr. Por ejemplo, estaba justo en el medio de construir la torre de Lego más alta y más impresionante del mundo, y me gustaba mucho jugar con mis amigos o leer libros. Por todo esto tomé coraje:

— ¡Yo sé que están y yo no les tengo miedo!

Mi ropa estaba empapada de sudor y mi corazón me ahogaba en la garganta.

— ¡Vengan, yo no les tengo miedo!

Me puse de pie en mi cama, pensando frenéticamente. Mis ojos recorrieron el cuarto. Empezaron a cercarme.

— ¡Mamá! ¡Papá!

De lejos: “¡Cállate!”

Corrí para la puerta pero una mano me agarró la pierna y me caí. Luchando con la mano, giré para liberarme, pero en la oscuridad sólo vi los dientes y los ojos, redondos como los de una araña, clavándome con su mirada penetrante. Intenté pegarle a la mano que me agarraba pero no la podía encontrar. Parecía de sombra, de la misma noche, una parte de la densidad opresiva de la oscuridad. Yo golpeaba, daba patadas en todas direcciones, pero no daba con nada—y de repente un dolor tremendo en el costado, ya sólo vi la mitad de los dientes, y en la luz de la luna se veía que a la plata tradicional se sumaba un brochazo de rojo vivo, y los ojos rojos y amarillos corriendo, corriendo por mi cuerpo, y yo golpeando y sollozando.

Me desperté en el suelo, a metros de la puerta, con un dolor atroz en el costado y la fuerza chupada de todos mis músculos. Todo el resto del día quedé como un somnámbulo. En la escuela sólo oía el ruido de los dientes rechinando y entre mis Legos sólo veía los ojos, mirándome. Intenté salir de allí, pero mis padres no me hicieron caso. Era mi suerte que ellos creyeran en el amor duro.

Pasé la noche siguiente como un cordero sacrificial.4 Y la noche siguiente y la noche siguiente. Cada vez que me despertaba a la mañana me sentía más y más débil. Creo que me hubiera muerto si no hubiera descubierto la espada. Fue por pura casualidad. Estaba luchando, como siempre, porque aunque ya sabía qué era mi destino, como el fin de una obra teatral que un actor vuelve a repetir todas las noches, mi fuerza vital no me permitía que me vencieran sin una lucha. Así, una noche mi mano se encontró con la espada de plástico, que me había regalado mi abuelo de la feria, y tan pronto como di mi primera cuchillada sentí que me soltaban y oí un viento mientras todos los dientes y ojos se huían para los rincones. Allí quedaron, aún con hambre, pero ya con miedo también.

Nunca me había sentido mejor.

Ya tengo mi rutina y los monstruos la suya. Me imagino que esto va a continuar hasta que yo me pudra también, y me olvide de todo, y me haga un adulto como mi padre, 5 quien estará preguntándose como es que su hijo resultó ser uno de los más cobardes que ha visto en toda la vida.



1 No me gustan los psicólogos.

2 Una de las grandes injusticias del mundo es que los monstruos tienen una predilección para el sabor de niños y no de adultos. Supuestamente, los adultos saben a podrido.

3 Mi padre siempre cumplía, aun si le llevara a la muerte. Era una locura que heredó de su propio padre. Siempre me decía: “No cumplir es peor que morir.”

4 Por supuesto, los monstruos, como los humanos, tienen hambre todas las noches.

5 El destino fatal, se dice.

Sunday, May 9, 2010

The Supermarket

When I need humbling I go
to the supermarket and I see lined
perfectly on the shelves
the glorious work of millions.

And I imagine these people must
have mothers and brothers
and children to feed just like
my parents work to feed
me, so we’re really all the same:
I’m part of their family
because they help feed me
and when I eat I help feed them
and so we are all, unsuspectingly,
united by livelihood and food.

Friday, May 7, 2010

In the Kitchen











The stew is confused
and the pilaf is blushing
my stove won't acknowledge me
and the vegetables are hiding
in a corner of the refrigerator.
The pots and pans are calling for medical treatment
and all our hungry stomachs are calling for our heads.

But it's OK — there's still the cake
and the cake is just right.

Thursday, January 21, 2010

Creative Writing 101 by Kurt Vonnegut

[I'm posting this here for my own personal archives. I think both writers and readers can benefit from this advice, and plus it's fun to read in and of itself.]

1. Use the time of a total stranger in such a way that he or she will not feel the time was wasted.

2. Give the reader at least one character he or she can root for.

3. Every character should want something, even if it is only a glass of water.

4. Every sentence must do one of two things-reveal character or advance the action.

5. Start as close to the end as possible.

6. Be a sadist. No matter how sweet and innocent your leading characters, make awful things happen to them-in order that the reader may see what they are made of.

7. Write to please just one person. If you open a window and make love to the world, so to speak, your story will get pneumonia.

8. Give your readers as much information as possible as soon as possible. To heck with suspense. Readers should have such complete understanding of what is going on, where and why, that they could finish the story themselves, should cockroaches eat the last few pages.

The greatest American short story writer of my generation was Flannery O’Connor (1925-1964). She broke practically every one of my rules but the first. Great writers tend to do that.

Source: http://fictionway.com/2009/03/22/creative-writing-101-by-kurt-vonnegut/

Tuesday, November 24, 2009

Ego Slayer

[Here I have, finally, a new poem. Constructive feedback is greatly appreciated, as it is always on this blog.]

Ego Slayer

I.
Renounce
the grandeur and vanity that
come from small victories
rare though they be
and recognize your best
as merely the not worse of a certain geographical vicinity
a coincidence in spacetime
circumscribed by a certain set of minds that laud
and applaud out of ignorance
no more
of a larger more infinite more grand reality.

II.
Johnny, who made the apple tree,
the apple farmer or the apple seed?
Remember that all the sweat and toil in the world
do no good for barren land.

III.
The Pharisees
delight in knowing that they know
and showing that they know and
cloak the worship of their ego
as the worship of Their God true knowledge
and intellectual progress and truth and whatever
—but of course the false idols of today
will fall in the dustbin with those of yesterday
as all cheap useless rubbish goes.

Watch the Pharisees
as they relegate themselves to the small history
of vain struggles, forgotten strife, and petty men
not knowing—or fathoming—true devotion
the ascetic life of
confronting constant falsification
whittling down the possibilities
slowly
and growing confident in one’s ignorance.

Knowledge is an almighty God,
but it requires ego as its constant sacrifice.

Sunday, November 22, 2009

Castillos de Arena

[As a stopgap way of breaking the hiatus, here's another one of my old Spanish poems. Please post comments, positive or negative.]

Castillos de arena

Vivimos nosotros a la orilla del mar
cuyo vaivén inexorable va destruyendo
nuestros castillos de arena.

Aunque sea un castillo más grande que el Alcázar,
él también, un día, caerá.

Pero esto no es una lástima;
la única lástima es llorar por castillos de arena.

Sand Castles

We live at the edge of the sea
whose inexorable tide keeps destroying
our sand castles.

Even if it is a castle bigger than the Alcázar
it too, one day, will fall.

But this is not a sad thing;
the only sad thing is to cry over sand castles.

Thursday, October 29, 2009

Vino con vino

[Updating content regularly is more difficult than I thought. While I'm working on my next post, here's an old Spanish poem of mine for those who haven't seen it yet.]

Vino con vino

Vino con vino.
Vino vino y se bebió todo.
¡Todos borrachos!
Vino vino y venía tristeza
Sigilosamente a esta fiesta

Mas no importó.
Nada nada sino lo divertido.
¡Vino más vino!
Debajo del techo, jaleo alegre,
Mientras venía la calma Muerte.

Vino con vino.
Vino vino ya se fueron los padres.
¡Casa de mozos!
Vomitó uno y vomitó dos,
Se echaron a reír, locos locos.

Trepaba al techo,
Alto alto subía el joven.
¡Tantos los gritos!
De la tierra volaron distante
Incitaciones –¡Adelante! ¡Adelante!

Vino con vino.
Vino vino derramado al suelo.
¡Choque penoso!
Césped rojo y voces temblando,
Trajo el vino ¿Para que? ¡Para nada!